Demian avanzaba con paso rápido por los pasillos del bar, en dirección a la puerta trasera. A cada paso, su corazón latía con más fuerza, sabía que el ambiente estaba cargado… y no se equivocaba.
Justo antes de llegar a la salida, se topó de frente con su tío Rolando, acompañado de dos de sus hombres. Los tres le bloquearon el paso con actitud amenazante.
—Dame los documentos —ordenó Rolando con la voz baja, pero cargada de furia.
Demian arqueó una ceja, fingiendo confusión.
—¿De qué hablas? Cl