Demian estaba en la sala de estar, con algunos papeles entre las manos, aunque su mente estaba lejos de los números y las cifras. Sentado en el sofá, intentaba concentrarse en los informes que antes le enviaba su amigo, su mano derecha, su leal confidente. Ahora, él estaba muerto, y aunque ya habían pasado semanas, el dolor seguía ardiendo como si hubiese ocurrido ayer.
Su hijo, sentado en la alfombra, jugaba ajeno al dolor de su padre. Imitaba rugidos, movía sus dinosaurios de plástico con ent