Mariam avanzaba por los pasillos con lentitud, tambaleante. El alcohol aún nublaba su juicio y le ardía en la garganta como una verdad que no podía negar. Había bailado con Demian. Había sentido su mano en su cintura, su respiración en su cuello y el calor que emanaba de su cuerpo como una llama maldita que ella misma había alimentado.
El eco de sus tacones resonaba débilmente en el silencio de la casa, mientras se aferraba a las paredes para mantener el equilibrio. El alcohol era una mala comp