—No debiste hacer todo esto por mí. Es más de lo que jamás pude imaginar.
—Solo dime si te gustó o no.
—¿Lo dudas? —pregunté con una sonrisa irónica—. Gérard, es… fantástico.
—Tengo algo más para ti.
—¿Otra vez? —dije, mirándolo perpleja, pero él solo me observó sin pronunciar palabra—. ¿Qué es?
No respondió, aunque noté cómo llevaba la mano al bolsillo de su pantalón, y por primera vez distinguí a través de la tela un pequeño objeto cuadrado.
Pero qué… no, no podía ser lo que estaba pensando.