—Habla, Juliette —me exigió, y juraría que temblaba por dentro sin saber cómo lo tomaría.
—Ayer hablé con… Damien —confesé, y noté cómo su expresión se endureció en cuestión de segundos—. Antes de que digas o pienses algo, escúchame.
—¿Por qué hablaste con ese idiota? —preguntó entre dientes, y era más que evidente que ya empezaba a enfadarse otra vez.
—Escúchame, ¿sí? —le pedí, intentando calmarlo—. Cuando fui al hospital, le pregunté a su colega…
—¿Qué colega? —me interrumpió de inmediato.
—D