Han pasado tres días desde aquella horrible pesadilla, y sin duda alguna todavía no me siento mejor.
Chloé ha estado conmigo casi todo el tiempo, y hoy incluso intentó animarme para que saliéramos a correr juntas, con la idea de despejarme un poco. Pero fue un fracaso, porque ni siquiera tenía ánimos de levantarme de la cama; apenas me duché y volví a acostarme.
Tratar de dejar de pensar en él era una causa perdida, sobre todo porque hoy se suponía que íbamos a cenar para fijar una nueva fecha