Joaquín
Estaba a dos segundos de prender el auto e ir hasta la casa de Felipe.
Iba a estrangularlo por haberse metido en mis asuntos. Pero justo ese momento, la puerta de la casa de Camila se abrió y la vi salir.
Se quedó en la entrada, buscando mi auto con la mirada hasta que nuestros ojos se encontraron. O quizá solo vio mi coche, ya que los vidrios polarizados no le permitían ver el interior. Levantó una mano y me hizo una seña para que me acercara.
¡Maldita sea! Quería llorar de felicidad