Felipe
Todo iba perfecto.
O al menos, eso creía, hasta que mi teléfono empezó a sonar.
Suspiré al ver el aparato vibrar sobre la mesa.
—No vas a contestar, ¿verdad? —dijo Claudia, alzando una ceja y entrecerrando los ojos.
Miré la pantalla. El nombre del guardaespaldas de Joaquín brillaba en letras mayúsculas.
—Si—, dije con una sonrisa tensa—. Sabes que es trabajo, no me queda de otra.
Rodó los ojos y dio un trago largo a su vino mientras yo contestaba.
—Dime que no ha hecho una estupidez, —