Joaquín
Estaba acostado en la cama, mis manos debajo de mi cabeza, con una sonrisa de pura satisfacción en el rostro, después de las intensas sesiones de delicioso sexø, (unos cuantos polvos exquisitos de los cuales estaba muy orgulloso), mi cuerpo estaba preparado, esperando con ansias la próxima ronda.
La habitación estaba en penumbra, con las sábanas en el suelo y aún se podía oler el chocolate en el aire.
Habíamos hecho un recorrido por toda la casa, comenzando en la cocina, dónde saboreé