Amy
Estaba sentada en la cama de Anastasia, dejándola hacerme unas trenzas mientras ella hablaba sin parar. Ella era así, muy expresiva y comunicativa.
Pero esta vez, lo que decía me hizo rodar los ojos por quinta vez en la noche.
—Oye, de una vez por todas, —dijo, deteniéndose por un segundo para mirarme a través del espejo de su tocador—, tenemos que hacer que mi papá salga con tu tía, así podremos vivir juntas.
Bufé devolviéndole la mirada. Anastasia nunca abandonaba esa idea, y aunque me p