El almuerzo estaba servido en el restaurante Las Olas. La mesa brillaba impecable, con cubiertos de plata y copas altas que reflejaban la luz del mediodía. Matteo había pedido al chef que preparara algo “ligero y elegante”, como si fuera una cita de ensueño. Se notaba confiado, incluso relajado.
Ámbar, en cambio, caminó hacia la mesa con pasos lentos, apretando el sobre con los resultados de Jorge contra su pecho. Lo había escondido dentro de su chaqueta, pero el simple hecho de tenerlo cerca l