Hay cosas que uno no sabe que está viviendo hasta que ya pasaron.
Lo entendí una mañana de martes, casi dos años después de aquella boda que nunca fue, cuando me desperté con el sol entrando por la ventana de nuestra habitación y el sonido de Andrés en la cocina y algo más. Un sonido nuevo. Un sonido que llevaba cuatro meses siendo parte de nuestra vida y que todavía, cada vez que lo escuchaba, me detenía en lo que estaba haciendo para recibirlo bien.
El llanto pequeño de Margarita.
Nuestra hij