La semana siguiente transcurrió en un estado de alerta constante. La carpeta de Álvaro estaba guardada en la caja fuerte del estudio, junto a la cinta de audio y el diario de Daniela. Cada noche, Andrés revisaba los documentos, asegurándose de que nada faltara, de que todo estuviera en orden para el juicio que se acercaba como una tormenta inevitable.
Pero la calma no duraría. La primera señal llegó un martes por la mañana, cuando Leonardo entró en el estudio con el rostro tenso y una hoja de p