El sol de la mañana entró por las ventanas del estudio como una promesa. La cinta de audio seguía sobre la mesa, junto al diario de Daniela, las fotografías y la lista de testigos que Leonardo había reunido. Era el día de empezar a organizar todo para el juicio. El aire dentro del estudio olía a papel viejo y a café recién hecho, un aroma que se había vuelto familiar en los últimos días.
—No puedo creer que finalmente estemos aquí —dijo Andrés, mientras extendía los documentos sobre la mesa—. D