No dormí en toda la noche, cada vez que cerraba los ojos, veía la cara de Andrés al confesar que Álvaro estaba vivo, y que además, sabía en donde estaba, esa mezcla de alivio y terror.
Cuando el sol se filtró por la ventana, me levanté con una sola idea en la cabeza, iba a enfrentarlo, necesitaba respuestas, no podía seguir así, con la incertidumbre carcomiéndome por dentro, bajé las escaleras decidida.
Andrés estaba en la cocina, solo, con una taza de café en la mano y la mirada perdida en el