El resto de la mañana lo pasé ensayando nuestra historia falsa con Andrés, nos sentamos en la biblioteca, frente a frente, como dos actores antes de un estreno. Él hacía preguntas y yo respondía. Luego yo hacía preguntas y él respondía. Repetimos una y otra vez hasta que las palabras sonaron naturales, casi reales.
—¿Dónde fue nuestra primera cita? —preguntó él.
—En un restaurante italiano, cerca de la plaza principal.
—¿Qué pediste?
—Lasaña. Tú, vino tinto y una ensalada que no tocaste.
—¿Por