Julio se quedó quieto unos segundos, observando cómo Hellen se alejaba con paso firme, empujando el cochecito como si fuera la reina de un imperio que él nunca logró conquistar. No podía negar que su pecho dolía y que la rabia lo consumía, pero aquel no era el momento para escándalos.
Inspiró hondo, apretando los dientes para controlar esa mezcla venenosa de frustración, celos y derrota.
—Dime algo —soltó Tatiana con voz cortante, interrumpiendo su silencio amargo. Lo miró fijamente, entre mole