El silencio era denso en el auto. Nicolás no podía borrar de su cabeza el sabor de los labios de su esposa. Solo el sonido del tráfico y el leve zumbido del aire acondicionado llenaban el espacio. Julio estaba rígido, con la mirada fija en la ventanilla. Sus dedos tamborileaban contra su muslo con impaciencia, un claro indicio de su enojo. Nicolás lo observó de reojo, queriendo decir algo, pero sabía que cualquier palabra solo empeoraría la situación.
Al llegar al edificio, el ambiente seguía i