Nicolás respiró profundamente, observando la puerta por donde Julio acababa de salir furioso. Su pecho subía y bajaba con pesadez. Todo era una maldita mentira, una farsa que no había pedido, pero de la que no podía escapar.
Julio había tomado su maletín y abandonado la oficina sin dudar. ¿Cómo era posible que todo se le estuviera escapando de las manos? Su relación con él siempre había sido complicada, pero ahora, con la presencia de Hellen, parecía haberse vuelto insostenible.
Con el teléfon