La tensión en el búnker alcanzó un punto de ruptura. Mientras los puños de Damián impactaban contra el rostro de Valentino, el sistema nervioso de Adeline colapsó bajo el peso de esos fragmentos de memoria que no lograba procesar. Ver el rostro de aquel hombre —ese desconocido que se sentía como un hogar en llamas— fue demasiado para su cerebro recién reprogramado.
Sus ojos azules se cerraron de golpe, su cabeza cayó inerte contra el metal y el brillo de sus venas se atenuó, sumergiéndola de