Caminamos por una zona de la ciudad que parecía atrapada en el tiempo, con edificios de piedra antigua y calles estrechas que olían a café y lluvia reciente; aunque no hubiera llovido, supuse que era el olor a mar. Al pasar frente a una vitrina inmensa, me detuve en seco. Tras el cristal, los maniquíes lucían ropa de temporada, una mezcla de elegancia y estilo casual que me resultaba extrañamente familiar, como si en otra vida yo hubiera vestido así.
Me quedé mirando un vestido por unos segundo