Con las manos temblando, abrí el libro verde en la página que me había estado persiguiendo en sueños: mi nombre encerrado en aquel círculo rojo. Pero esta vez me fijé en lo que había antes. Había una lista larga de nombres, personas que no conocía, y todos estaban tachados con una "X" azul, fría y definitiva. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal al entender que yo no era la primera.
Leí cada nombre con una punzada en el estómago, hasta que llegué al que estaba justo encima del mío: Aurora