El aire en el penthouse se volvió denso, casi irrespirable, cargado de una electricidad estática violenta. Jasper tragó saliva, su nuez subiendo y bajando con dificultad en su garganta, pero su orgullo herido pesaba más que su instinto de conservación. Miró a Damián con los ojos inyectados en sangre, desafiante, furioso, una mezcla volátil de celos y alcohol.
Se le acercó despacio, invadiendo su espacio personal, como dos animales salvajes midiéndose antes de la embestida, disputándose el contr