Llegué a la mansión con los nervios a flor de piel, esperando encontrarme con la mirada inquisidora de Jasper. Sin embargo, el silencio que me recibió era sepulcral. Hacía apenas unas horas lo había dejado caminando de un lado a otro, pegado al teléfono, pero ahora no había ni rastro de él.
Justo cuando cruzaba el vestíbulo, una de las empleadas domésticas pasó con una bandeja. La detuve de inmediato.
—¿Has visto al señor? —pregunté, tratando de sonar casual.
La mujer asintió con cortesía.
—Tuv