Capítulo 255

—Señora Adeline, dígame... ¿En qué la puedo ayudar? —preguntó el señor Vidal mientras nos acomodábamos. Él se sentó tras su escritorio de roble y yo frente a él, tratando de mantener una compostura que no sentía.

—Señor Vidal, un placer. Lo busco porque necesito que encuentre a mis padres —fui directa, sin rodeos.

Le extendí la mano y él correspondió a mi saludo con un apretón firme y profesional. Su mirada, sin embargo, era curiosa, como si estuviera diseccionando mis intenciones.

—Entiendo —d
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