—¡La cena está lista! —gritó Jasper desde la planta baja mientras yo terminaba de bajar las escaleras hacia la cocina.
El aroma era delicioso, una mezcla de dulce y tostado que me abrió el apetito a pesar de la náusea moral que sentía. Cuando me senté, vi que había preparado panqueques, fruta fresca y jugos; algo sencillo pero impecablemente presentado.
—Ummm... se ve delicioso —admití, observando cómo Jasper terminaba de colocar todo sobre la mesa.
—Bueno, buen provecho... —dijo él, retirándos