—¿Adeline?
Escuché mi nombre como un eco lejano mientras abría los ojos con pesadez. Me encontraba en el interior del auto, envuelta en ese silencio artificial que solo los vehículos de lujo logran mantener. Cuando mi visión finalmente se aclaró, lo vi: ese hombre seguía ahí, a mi lado. Me observaba con una expresión cargada de nostalgia y algo más, un sentimiento denso que yo aún no sabía cómo descifrar.
Me incorporé lentamente en el asiento, sintiendo el cuerpo entumecido.
—¿Dónde estamos? —p