El camarote se sentía más pequeño que nunca, asfixiante bajo el peso del silencio de Adeline. Damián apretó la mandíbula, sintiendo una punzada física en el centro del pecho, un dolor sordo que nacía de ver esos ojos avellana mirándolo sin un ápice de reconocimiento. Era como si el alma de la mujer que amaba se hubiera mudado a otro cuerpo, dejando solo una cáscara hermosa y vacía.
En el fondo, una parte lógica de su mente sabía que esto era una posibilidad real. El líquido azul del "Proyecto A