—Adeline—
—No... espera...
Susurré, mi voz temblando en la oscuridad de la habitación.
Yo estaba en blanco. No podía decir nada, ni reprocharle nada. El shock del beso, y su retirada inmediata, me habían paralizado. Mi corazón latía a miles por segundo, un tambor desbocado contra mis costillas. Sentía un hormigueo eléctrico en el estómago, uno que me ponía a dudar de si realmente quería que se fuera, que se apartara.
No. No quería.
Damián estaba acostado, pero ya incorporado sobre su codo, su c