Adeline sentía que el aire en el comedor se volvía cada vez más denso. Observaba a sus padres y a sus tíos reír y conversar con una tranquilidad que le resultaba hiriente; ellos no tenían la menor idea de la oscuridad que Ethan estaba sembrando bajo sus pies.
Ella no quería sonar engreída ni parecer que había regresado solo para reclamar el apellido y la fortuna. Aunque su abuelo siempre le había susurrado al oído que ella sería la heredera legítima, Adeline conocía el verdadero deseo del viejo