Adeline se hundió en su cama, pero las sábanas se sentían como espinas. Las palabras de Ethan resonaban en su cabeza como un eco macabro: "dosis equivocada", "accidentes". No podía simplemente cerrar los ojos y esperar al amanecer. Si algo le pasaba al abuelo mientras ella dormía, jamás se lo perdonaría.
Se puso de pie con movimientos felinos, evitando que el colchón crujiera. No encendió la luz; se movió por la habitación guiada por la luz de la luna que se colaba entre las cortinas. Desechó l