Adeline apretó la mano de su abuelo, sintiendo la piel delgada como el papel. Necesitaba entender cómo había llegado la casa a ese estado de abandono emocional y quién estaba moviendo los hilos en su ausencia.
—Abuelo… ¿Quién ha estado a cargo de todo esto? —preguntó en un susurro, tratando de que su voz no temblara—. ¿Quién te está cuidando?
El anciano esbozó una sonrisa débil, cargada de una gratitud que a Adeline le revolvió el estómago.
—Ethan… —murmuró él, cerrando los ojos por un instante