Me sostenía entre los brazos de Damián mientras avanzábamos despacio hacia el jardín. No me cargaba del todo, pero tampoco me soltaba. Su cuerpo era un apoyo constante, firme, como si temiera que en cualquier momento pudiera caerme. Yo me dejaba guiar, apoyando parte de mi peso en él, concentrada en cada paso.
Un mes... Un mes completo sin salir al mundo exterior, salvo al balcón. Esas caminatas breves habían sido lo más lejos que había llegado desde que llegamos a la villa. Pensarlo me parecía