El cielo estaba claro, iluminado. El sol brillaba en su máximo esplendor. La luz rojo de las falsas alarmas palpitaban segundo tras segundo, Adeline fue la primera en apartar la mirada del ventanal. No porque dejara de importarle, sino porque ya había entendido el mensaje de las pulsaciones.
... Te veo...
—Bien —dijo, rompiendo el silencio—. Entonces empecemos.
Damián la observó con atención. No era la Adeline frágil de hace dos meses atrás ni la mujer confundida que despertó tras la ex