El silencio se volvió incómodo después de la última pregunta.
No fue un silencio vacío, sino uno cargado de posibilidades. Damián permanecía de pie frente a Adeline, con los brazos relajados a los costados, pero el cuerpo rígido, como si cada músculo estuviera conteniendo una reacción. Santiago, a unos pasos de distancia, parecía debatirse entre intervenir o desaparecer.
Adeline fue la primera en moverse.
Apoyó las manos en los brazos del sofá y, con un gesto lento pero decidido, se acomo