Narrado por Brienna
El silencio que siguió a mi última frase fue tan denso que casi me dolió. Él me observaba, todavía desnudo, todavía con la respiración marcada por el frío y por la carrera que lo había traído hasta aquí. Yo quería sostenerle la mirada, pero mi cuerpo estaba en guerra con todo: con el calor que subía, con la vergüenza, con el miedo y con ese olor suyo que no dejaba espacio para pensar.
Lucan levantó apenas la barbilla, aspiró con cuidado y lo escuché murmurar algo que me heló