Narrado por Brienna
El silencio que siguió a mi última frase fue tan denso que casi me dolió. Él me observaba, todavía desnudo, todavía con la respiración marcada por el frío y por la carrera que lo había traído hasta aquí. Yo quería sostenerle la mirada, pero mi cuerpo estaba en guerra con todo: con el calor que subía, con la vergüenza, con el miedo y con ese olor suyo que no dejaba espacio para pensar.
Lucan levantó apenas la barbilla, aspiró con cuidado y lo escuché murmurar algo que me heló la sangre.
—Debe de ser el gel nuevo —ronroneó, bajando la mirada hacia mi hombro húmedo, como si la coincidencia fuera lógica.
—Sí… el gel.
Él ladeó la cabeza, como si la explicación le encajara de forma natural. Y en cuanto asintió una vez, como si ya hubiera archivado el asunto en alguna parte de su mente, soltó una frase que me atravesó con un extraño alivio y una punzada de terror.
—Vístase antes de que se resfríe, Clarks. He venido por usted. Sabía que estaba aquí atapada y no podía permi