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La mañana llegó acompañada por un cielo despejado y una brisa suave que entraba desde la laguna. Como casi todos los días durante aquellas vacaciones, la familia había terminado reuniéndose en una de las terrazas del restaurante principal para desayunar.
Sin embargo, mientras los demás comenzaban a servirse jugo y fruta fresca, Eleonora seguía observando discretamente los alrededores. Después de varios minutos, volvió a mirar la hora en su reloj y frunció ligeramente el ceño.
—Qué extraño...