—Creo que ya entiendo por qué todo el mundo habla tanto de este lugar —comentó ella todavía mirando el agua cristalina a su alrededor.
—Te dije que valía la pena.
—No te emociones. Solo admito que por una vez tuviste razón.
—Voy a recordar eso.
Valeria rodó los ojos, aunque una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—No te acostumbres.
Antes de que Adrián pudiera responder, una voz llegó desde el yate.
—¿Todo bien ahí abajo?
Era el capitán, apoyado cerca de la cubierta mientras los observaba.