Pov. NrraLa casa era… excesiva.No había otra forma de describirla.Amplia, silenciosa, impecable hasta el punto de resultar fría. Todo en ese lugar gritaba poder, control… y dinero. Nada se sentía vivido, solo perfectamente calculado. Valeria permanecía de pie frente a él, tensa, con los brazos a los costados y la respiración contenida, mientras Adrián seguía sentado como si nada de lo que acababa de pasar tuviera la menor importancia. La diferencia entre ambos era absurda; ella, al borde de perder el control; él, completamente tranquilo.—Más te vale empezar a hablar —soltó al fin, sin rodeos.Adrián apoyó la espalda en el asiento, relajado, cruzando una pierna sobre la otra.—No hay mucho que explicar.Valeria dejó escapar una risa baja, incrédula.—Ah, claro… te llevas a mis hijos del colegio, dices que eres su padre, te haces pasar por mi esposo… ¿y no hay nada que explicar?Los ojos de Adrián se clavaron en los suyos, fríos.—No me estoy haciendo pasar por nadie. Estoy haciendo
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