Después del almuerzo, Clarisa tomó una decisión. La conversación que había tenido con su madre la noche anterior no había dejado de dar vueltas en su cabeza. Cuanto más lo pensaba, más convencida estaba de que tenía razón.
Si quería que Adrián comenzara a verla de una manera diferente, debía dejar de concentrarse únicamente en él. Los niños eran parte fundamental de su vida. Por lo tanto, acercarse a ellos parecía el paso más lógico. Con aquella idea firmemente instalada en su mente, interceptó