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La noche había avanzado varias horas desde que abandonaron el bar. El aire era agradable, la marea estaba tranquila y el sonido constante de las olas parecía llenar cada rincón de la playa. A esa hora apenas quedaban algunas personas caminando a la distancia. Todo lo demás estaba envuelto en una calma casi perfecta.
Adrián avanzaba por la playa llevando a Valeria en brazos. A pesar de la bonita vista y el sonido tranquilo de las olas, ella se quejaba constantemente. Pidiéndole que la bajara