Minutos antes, Benjamín estaba en su departamento cuando recibió una llamada de vigilancia.
—Señor Benjamín, habla Cristian, de vigilancia. Disculpe la molestia.
—¿Qué pasó, Cristian? ¿Llegó mi asistente? Ella tiene permiso para acceder a mi departamento.
—No, señor, la señorita Dafne no ha llegado. Lo llamaba porque la señora Alexa quiere subir. Como le negué el paso, comenzó a llorar y hacer pataletas. Se mira deplorable y no sé qué hacer.
Benjamín rodó los ojos y soltó un suspiro pesado. No