Dante rozó la punta de sus dedos por el pómulo herido de Ava.
—Mira cómo dejaron tu hermoso rostro. Perdóname por ser un imbécil y no protegerte estando bajo mi dominio —murmuró con voz rota.
Desesperado por llegar al hospital, le gritó a Luis.
—¡Acelera! No me importa si te comes las luces, quiero llegar al hospital ya.
Luis, viendo la angustia reflejada en la voz de su jefe, esquivó varios autos mientras pisaba el acelerador. Al llegar a la entrada del hospital, un enfermero tomó a Ava cuidad