El sonido de la puerta interrumpió los recuerdos de Dante. Greta entró con pasos pausados. Al llegar junto a su hijo, le dio un beso en la mejilla y lo miro con preocupación.
—Hijo, ¿cómo sigue mi nuera? —preguntó, con la voz temblorosa—. Cuando Sofía me informó de lo sucedido a Ava, casi me da un infarto.
—Ahora está sedada, mamá. Hay que esperar a que despierte.
Greta se llevó una mano al pecho, visiblemente afectada. No podía evitar compadecerse de la chica que yacía allí acostada, había per