Mundo ficciónIniciar sesiónCamelia.
Para cuando ambos terminamos de bañarnos, cada uno por su cuenta, mi madre y mis emociones ya había regresado a la normalidad. El agua hervía en la cocina y mi madre cantaba con emoción mientras cortaba los vegetales. A un lado, como siempre, su acostumbrada cerveza de un litro. Tenía un dicho: “No se cocina ni se barre sin la botellita.”
Mi padrastro la acompañaba, ayudando entre risas y tragos. A ratos intentaban bailar, tropezando con los utens







