Todos se quedaron observando con asombro el poder de Kael para controlar a Sora. Lyra lo tomó de la mano y lo miró directo a los ojos.
—Gracias, Kael, pero puedo defenderme sola.
—Lo sé, preciosa, pero no es el momento ni el lugar para una pelea con una loba de bajo rango. No estamos en el bosque —respondió él con calma. Lyra sacudió la cabeza, resignada, y los niños se acercaron para abrazarlos.
—Lyra, estoy cansado —dijo Samuel, aferrándose a sus piernas. Ella acarició su cabeza con ternura.