Un par de días después, Rose fue dada de alta. Su salud aún no era la mejor, pero Lyra estaba decidida a cuidarla. Sin embargo, todavía tenía un asunto pendiente por resolver.
Esa mañana regresó al restaurante. Román la estaba esperando y, al verla, le sonrió.
—Hola, Lyra. Llegaste temprano. ¿Cómo estás?
—Hola, Román. Vine a hablar contigo —dijo Lyra mientras tomaba asiento frente a él.
—Claro, dime, ¿en qué puedo ayudarte?
Lyra lo miró con gratitud, y con cierta vergüenza le extendió una carta