—¡Qué insoportable es esa mujer! —gritó Lyra al entrar en su departamento, tirando el bolso sobre el sofá con fastidio.
Kael se sentó a su lado con una sonrisa burlona.
—¿Y por qué no te escondiste como cuando vino Artemisa?
—¿De qué hablas, Kael? —resopló Lyra, aún alterada, y rodó los ojos con fuerza.
—Te noto tensa… y tal vez ¿un poco celosa, Omega?
Lyra volvió a rodar los ojos, esta vez con más dramatismo, y se levantó de golpe.
—Basta, Kael. Ya te dije que no estoy celosa, y mucho menos po