Alessia Vittoria Bellerose
Dante se quedó quieto. La habitación también. No era un nombre fácil. No después de todo.
Rafael Bellerose había sido padre, mentiroso, protector tardío, hombre lleno de pecados. Su historia nos había destruido y salvado al mismo tiempo. Pero también era mi padre. Y, al final, sus verdades permitieron que la red cayera, que Elena tuviera nombre, que Amara dejara de ser una sombra sin origen.
Dante me miró con cuidado.
—¿Estás segura?
Asentí.
—No por el hombre perfecto