Dante Salvatore Valcárcel
Mi sonrisa se desvanece mientras la mirada de Alessia se posa en la porción de piel que tengo expuesta ante su lujuria. No hay espacio para juegos en este momento, solo para la verdad cruda y el deseo que nos consume. Dejo caer el chip sobre la mesita de noche con un chasquido metálico que corta el silencio denso de la habitación.
—La verdad puede esperar— murmuro, acercándome hasta que no queda ni un centímetro de espacio entre nosotros. Su perfume me envuelve, una me